Estás allí observándome mientras descubrimos que siempre es mejor el último día de vacaciones, los planes para los días que vienen, los recuerdos recién estrenados, la ropa lista sobre el sofá, el frío de la noche, las sabanas limpias, las notas en la agenda, todo como nuevo, después te despiertas, tomas tu desayuno y acaba el encanto, el fin de las vacaciones, la presión del trabajo y de los zapatos que te hacen ver más adulta o más profesional te ampolla la piel y las ganas, los saldos de las deudas y de las nuevas sociedades te dejan sin nada en los bolsillos, la magia se mete en el cajón con tus zapatos de domingo. Y te quedas. Deseando haber tomado el autobus en vacaciones para ir a ese destino ya elegido antes, y por cualquier sonrisa magnética quedarte allí, a vivir, o a escapar.
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